Varias enfermedades intestinales están relacionadas con las alteraciones del microbioma intestinal: enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, cáncer de colon, intestino irritable.
Enfermedad de Crohn
Es una enfermedad inflamatoria del intestino, que puede afectar cualquier parte del tracto gastrointestinal. Se ha relacionado con anomalías funcionales y genéticas que producen desequilibrios en el ecosistema intestinal, lo que causa una disminución de crecimiento de los microorganismos beneficiosos y un aumento en el crecimiento de ciertas bacterias patógenas.
Los microorganismos intestinales han sido estudiados en esta enfermedad y se ha comprobado una importante interacción entre el microbioma intestinal, la mucosa y el sistema inmunológico. Cualquier desequilibrio en el estado normal del microbioma puede crear sustancias pre- inflamatorias alternado la inmunidad y con ello el inicio y desarrollo de esta enfermedad.
Colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa es un trastorno inflamatorio crónico, caracterizado por la inflamación y ulceración de la mucosa intestinal. El origen de esta enfermedad es multifactorial y tiene componentes genéticos y ambientales que son fundamentales para determinar la composición del microbioma.
Entre estos factores la dieta se destaca, creando un ambiente fundamental porque es capaz de modificar la composición y la actividad metabólica del microbioma, influyendo también en la inmunidad y con ello en la progresión de la enfermedad. Esta desregulación microbiana resulta en una alteración de la barrera intestinal y mayor permeabilidad, aumentando la inflamación.
Más allá del intestino, el microbioma se extiende a otros sitios extraintestinales, afectando la respuesta inmunológica general y contribuyendo a otros síntomas de la colitis.
La permeabilidad aumentada causa que las bacterias tomen linfáticos, el sistema circulatorio en general, aumentando la inflamación ya existente, por lo que es muy importante cuidar tanto el equilibrio del microbioma como de la pared intestinal.
Se ha avanzado mucho en terapias biológicas para reforzar algunas especies de bacterias que actúan como agentes antiinflamatorios que regulan las funciones inmunitarias. Aquí entran en juego los prebióticos y los probióticos para mejorar y controlar el transcurso de la enfermedad. Se ha demostrado que ciertos probióticos, incluyendo el escherichia coli, mantienen con éxito la evolución de la enfermedad, disminuyendo las citoquinas proinflamatorias. Los prebióticos tienen además el potencial de aumentar las bacterias beneficiosas y disminuir el pH del colon, restableciendo el equilibrio de la microbiota.
Además se ha investigado el uso de antibióticos junto a terapias probióticas para alcanzar un equilibrio y disminuir la inflamación.
En conclusión, el microbioma intestinal es fundamental para entender el origen y tratamiento de la colitis ulcerosa. Tenemos que entender las complejas interacciones entre el microbioma, la respuesta inmunitaria del huésped y las intervenciones terapéuticas para el control de la enfermedad.
Cáncer del colon
Los estudios más avanzados muestran cada vez más evidencia que la disbiosis intestinal o sea el desequilibrio del microbioma intestinal normal crea inflamación crónica y lleva a la producción de sustancias potencialmente carcinogénicas. Aunque la genética contribuye al cáncer de colon, los estudios sugieren que el equilibrio del microbioma es lo más importante para la prevención de esta enfermedad y la mejor evolución de la misma.
Investigaciones han identificado que la pérdida de este equilibrio y el aumento de de ciertas bacterias pueden desarrollar inflamación crónica, alterando la pared intestinal. Se ha demostrado que estos géneros de bacterias como fusobacterium y metanobacterias aumentan constantemente en esta enfermedad, mientras que con el género bifidobacterium y lactobacillus disminuyen. También se han estudiado las sustancias producidas por estas bacterias que aumentan determinados aminoácidos y disminuyen ácidos grasos como el butirato (derivado del aceite de coco).